Toda historia siempre tiene un comienzo y el mío tiene lugar en un lejano país, al otro lado de la que he considerado siempre mi hogar. Como bien decía Antoine de Saint-Exupéry «Haz de tu vida un sueño y de ese sueño una realidad». Aunque parezca una utopía no lo es, solo hay que decidirse y dar el salto, parece tarea fácil a simple vista, pero no, cuesta salir de nuestra zona de confort y estas dos acciones lo dicen todo. Pero como había que hacer algo para darle a mi vida ese toque especial que tanto le faltaba… me calcé las zapas y me eché a correr jejeje no, no fue así, aunque es algo que suelo hacer (hoy por hoy, con menos frecuencia que antes, pero sigo activa)… Me armé de valor y dije esta es mi oportunidad y me he aferrado a ella con tal fuerza que a día de hoy forma parte de uno de los motivos más importantes de mi vida y es nada más y nada menos que mi Corazón de Pincel. El otro gran motor y motivo es mi hijo.

Para no alargar más esta historia, debo decir que hay que vivir una experiencia tal y como yo la viví, sin buscar ningún fondo, tan sólo por el hecho de disfrutar haciendo lo que me gusta y es así que de los pequeños momentos salen siempre grandes cosas. Mi primer mural es sin duda el que ha marcado un antes y después. Poder hacerlo ha significado tanto para mí, como que dos grandes amigos confiaran en que yo podría ejecutarlo a su satisfacción. Debo decir, que no tenía ni idea de dónde me estaba metiendo, pero aun así quise hacerlo y fue así como un hermoso árbol fue creciendo poco a poco. Cada día le iban saliendo las ramas y con ellas las hojas y posteriormente las flores, que por cierto eran muy bonitas, como lo son las flores de almendro. Había que darle movimiento, para que su paso se dejara ver y sin maquillarlo mucho lo conseguí, le di vida, y pronto empezaron a llegar los pájaros, unos se posaron en él y otros se mantuvieron en vuelo y hasta un pequeño búho nos quiso visitar. Como en todo árbol que se precie, no podía faltar colgando de una rama, una jaula y en ella dos pajaritos y luego, en el centro, un corazón que simboliza el amor de dos personas, en este caso el de dos padres y el fruto de ese amor.

Ahora que lo relato, hasta toma la forma de un cuento. Y es que esa es la sensación que percibes al entrar en esa habitación y encontrarte con ese mural que despierta los más hermosos sentimientos.

Podría pasar hora tras hora y no cansarme. De hecho quedé tan satisfecha con el resultado que aquí me tenéis, al mando de mi propio barco, deseando poder surcar ríos, mares y océanos, tan lejos como me lleven mis sueños.

Todo es posible, si así se quiere. Eso sí, es preciso que trabajar muy duro y ser constantes, sin querer volar muy alto tan pronto, sino ir despacito, sin prisa, pero sin pausa. Os animo a dar un GRAN SALTO en vuestras vidas e ir por ello.

Deciros que aquí os espero, este es el rinconcito donde me podréis conocer y ver mi trabajo.

Gracias por llegar hasta aquí.